Sobre la privacidad de la información


En el último número de la revista “Scientific America”, aparece un artículo titulado “Seven Paths to Privacy”, en español “Siete caminos a la privacidad” donde se hacen sugerencias para asegurar la privacidad de la información, especialmente aquella que se almacena digitalmente.  Estas siete sugerencias son:

1.       Restaurar el rol de “FISA” (Oficina en Estados Unidos dedicada a aprobar las acciones de intervención de las comunicaciones). Según una modificación a la ley en el Congreso de los Estados Unidos, el tiempo permitido para intervenir las comunicaciones se aumentó de 3 días a 7 y la labor de supervisión de FISA se ha reducido.

2.       Denegar el requerimiento del FBI de que todas las capacidades de “telefonía” en Internet sean “intervenibles”. Intervenir una línea telefónica terrestre es técnicamente sencillo y para una línea celular ya existen equipos que lo hacen por un precio relativamente alto, pero es factible. En Internet, quedamos expuestos a la buena fe de los proveedores de telefonía IP.

3.       Terminar con el secreto del programa “Cyber Initiative”. Se dice que este programa iniciado durante la administración Bush, tiene por objetivo la de establecer métodos de intervención a las comunicaciones en Internet.

4.       Permitir a las personas controlar el acceso a sus registros médicos.

5.       Encriptar y controlar todos los registros.

6.       Regular el uso de los tags RFID. RFID es una tecnología que permite la transmisión inalámbrica de ciertos datos tales como el número de serie en los productos del supermercado, o el número de documento en los pasaportes y demás. Para nadie es un secreto que esta tecnología no se ha caracterizado por sus características de seguridad.

7.       Educar a la población sobre los riesgos a la privacidad en Internet.

Si bien estos siete puntos contienen datos específicos de instituciones norteamericanas, en países de Latinoamérica, no encontramos paralelos. ¿Quién autoriza la intervención de nuestras comunicaciones telefónicas? ¿Quién las supervisa? ¿Por cuánto tiempo están permitidas? Hay preguntas más preocupantes, como por ejemplo ¿Quién cuida nuestros registros médicos?

Las democracias de esta parte del mundo están más preocupadas por temas inmediatos como son la estabilidad económica, o temas mundanos como la popularidad presidencial incluso llegan a tener mayor relevancia. Nosotros como usuarios debemos tener historia nuestra diseminada en muchas bases de datos con información actualizada o tal vez inexacta o quién sabe si inventada. ¿Puede tener esta información valor para alguien? Si es ordenada adecuadamente, si tiene valor y mucho.

Hace algún tiempo visitaba a algunas empresas dedicadas a la elaboración de medicinas, laboratorios grandes con un mar de vendedores que salen todos los días a realizar visitas a médicos, clínicas y hospitales. Estas empresas tenían un proceso mediante el cual registraban las recetas médicas emitidas controlando y comparando lo que el médico recetaba, y lo que se vendía en farmacias. Mi primera impresión era que un gran esfuerzo en conseguir esta información derivaría en una gran cantidad de errores, pues entre la emisión de la receta y la compra en farmacia podrían pasar muchas cosas, y más aún si pensamos en relacionar al médico que emitió la receta. Todos estos errores llevarían a datos viciados que no podrían servir de base de ninguna manera para cualquier estudio de marketing serio. No podía estar más equivocado. Las técnicas de Estadística me demostrarían rápidamente que a pesar de todos los vicios del proceso, esos datos si servían y que el esfuerzo si valía la pena. De hecho, una empresa le cobraba al laboratorio por recoger esos datos.  Ahora pongámonos a pensar si estas empresas tienen acceso a nuestros historiales médicos, inmediatamente se reducen costos, aumenta la fiabilidad de la información y por lo tanto, el valor de la información aumenta. Lo más riesgoso, sin embargo, no es que alguien se aproveche de esta información para hacer estudios de marketing. Nuestros puntos débiles, nuestras afecciones, todo estaría en manos irresponsables si es que no cuidamos esta información. Ahora pongamos a pensar en la información de bienes, casas, autos, compras en el supermercado (que ya está siendo aprovechada mediante programas de lealtad que nos devuelven una pequeñísima parte de las ganancias que sus funcionarios reciben).

Todavía no estamos conscientes de la importancia de cuidar nuestra información, llenando cada formulario que encontramos en Internet con datos personales, y contestando cada encuesta de gente que nos llama por teléfono a las casas con el pretexto de hacer un estudio de mercado. Y lo peor es que no requerimos ningún tipo de cuidado sobre esta información.

Los gobiernos ven como una gran oportunidad tener el poder de controlar la información  y las comunicaciones, a pesar de las costumbres democráticas de libertad que pregonan. Es por eso que la iniciativa debe estar del lado de los usuarios cuidando y exigiendo cuidado de la información que proporcionamos. La ética que deben mantener las instituciones ha sido el único respaldo para nuestra confianza, ahora debemos preguntarnos si es suficiente.

 




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