Democracia: Qué?


Al parecer hay un consenso mundial de que los países civilizados debemos vivir en democracia y quien diga lo contrario debe ser satanizado, mientras que el “pueblo” en las calles sale a protestar por acciones realizadas por los poderes del Estado controlados personas elegidos democráticamente.

Parece una contradicción, ya que en democracia el poder viene del pueblo y es el pueblo quien elige a sus autoridades, por lo tanto, no tiene sentido que el mismo pueblo salga a protestar contra lo que eligió en las urnas. ¿Suena familiar esto en Perú, Ecuador, Venezuela, México y hasta en Estados Unidos?

La razón de todo esto es que la Democracia no es la llave mágica del desarrollo y la paz. La importancia de la Democracia en nuestras vidas es casi igual a de usar cubiertos a la hora de comer: Si no usamos cubiertos, somos unos salvajes, pero si los usamos mal, no sirve de nada. La pieza faltante en la Democracia es el Sentido Común, así como falta el manual de Carreño para dominar los cubiertos en la mesa.

El mayor problema de la Democracia es que no nos exige a los ciudadanos más que ir a votar y cumplir las leyes, lo cual mucha gente hace y ya vemos que no es suficiente. El sentido común que nadie exige, es el que nos debería conducir y advertirnos cuando algún político intenta manipularnos para ganar votos, o cuando nos dicen que todo está bien mientras los puentes y carreteras se caen a pedazos, o cuando gana el candidato que aparentemente nadie quería.

La educación es por eso lo que nos diferencia realmente. Es eso que se nota cuando vamos a otro país, cuando notamos que una ciudad es más limpia que otra, o que es más segura o más tranquila, y no me refiero a lo que se percibe en un paseo de turista. La educación es la que forma una Nación y por lo tanto debería ser lo más universal posible donde no se filtren conceptos de moda, porque una Nación no es una moda. Un pensamiento único y mantenido por un grupo de personas hace que las minorías y mayorías se sientan iguales porque todos tienen las mismas obligaciones, poner a trabajar su sentido común, entendiendo que el bienestar personal tiene que ir de la mano con el respeto a los demás.

Por eso, la próxima vez que vayas a una marcha, fíjate a cuanta gente estás educando y, sobre todo, a cuanta gente educas al llegar a tu casa. Más vale quitarle la venda de los ojos a una persona que hacer bulla y alboroto en la calle, porque en democracia lo que importa son los votos y más vale que empecemos haciendo campaña por la opción correcta: la del respeto y el sentido común.

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