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Dirección: Alcanfores 715. Miraflores. Web NOTA: Si bien se llama igual, el firme es el que está en Mala rumbo al sur y desde ya les digo que vale la pena el viajecito.

Precio: Medio

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Acceso: El más fácil hasta el momento, de repente porque salí después de las 9 am, pero no encontré mayor tráfico. Encima alcancé un espacio en el estacionamiento delante así que mejor no pudo ser.

 

Espera: Ninguna. Llegué y me atendieron al instante. Tampoco es que sea la hora y el día más concurrido, pero es muy bueno llegar y encontrar sitio.

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Atención: Buena, el local es pequeño y casi un fast food así que no hace falta mucho esfuerzo de parte del personal. Hay también otras opciones y hasta alternativas para el almuerzo, pero vamos por todo con la estrella del local y la experiencia.

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Calidad: Alta. Aquí la estrella es la combinación Sandwich de Chicharrón y café con detalle que otros lados pasa desapercibido: la sarsa. La Sarsa aquí es toda una estrella porque resalta el sandwich que no es gigante como en otros lados pero que tiene mucho mas sabor. No vayan a cometer el error de dejar el juguito de la sarsa, échenla al pan o a la carne y no le tengan miedo al rocoto ni a la pimienta. El café completa el trio. Aquí empiezas el día con todo.

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En contra: Podrían explotar más el chicharrón en los demás platos, pero eso ya no es desayuno así que todo bien. El estacionamiento puede ser un problema, y está cerca a Benavides y a la via Expresa así que se puede venir caminando.

Puntaje: 4 de 5

¿De acuerdo con la lista?: Si, llegas ligerito y te vas igual porque la porción es precisa, así que no amenaza el almuerzo.

SoundtrackDia 03: Doña Paulina

Gear: 

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Soy uno de los tantos fanáticos de la marca española que vende como loco en un montón de países en el mundo, y que a partir de mañana llega a Lima. Pero para aclarar bien el tema, no es la ropa o el ambiente lo que hace esta marca tan interesante.

Hasta antes de conocer Zara, era de comprar mi ropa en Ripley o Saga, para luego renegar viendo mi polo nuevo en miles de otras personas al caminar por la calle. Para mi la moda ha sido un tema de individualidad antes que de vanidad y no creo que eso me haga menos masculino. Tampoco es que quiera un diseñador que me haga ropa exclusiva. Simplemente, quiero algo que me de la tranquilidad de que sea cómodo e individual.

Pues bien, eso fue lo que encontré en Zara desde la primera vez que entré a una de sus tiendas en Oxford Street Londres, la facilidad para elegir ropa que sea cómoda y a la vez individual, pues literalmente la ropa estaba botada por todos lados. Si aquí en Lima hay un ripley sacando las camisas todas planchaditas y en orden, pues aquí salía un español a depositar una pila de polos, camisas y demás totalmente enredadas y sin haber conocido la plancha, y además, pensadas para ser usadas de esa manera. Ciertamente, que hay secciones mas tradicionales donde la ropa es algo mas formal, pero era la primera vez que veía que la ropa no era el centro de atención y cuidado, el centro era la facilidad y el instinto que tenemos para rebuscar entre las pilas de ropa, esa camisa, polo, o pantalón o zapatos, que se convierta en nuestra firma al salir a la calle, gracias a que se podía encontrar miles de modelos y variaciones que parecen no repetirse. Lo mejor fue comprobar que esto no era un accidente, pues la misma filosofía se mantenía en todas las otras tiendas que visité, como la de Covent Garden en el mismo Londres, o la del Potzdammer Platz en Berlín, Multiplaza en San José de Costa Rica, Barra Shopping en Rio de Janeiro, Unicentro en Bogotá,  Dadeland mall en Miami.

Otro de los puntos únicos que encontré es que a pesar de ser una boutique de “marca” era un sitio donde podías encontrar una camisa muy cara como un polo muy simple y barato y por lo mismo, atraía a un público extremadamente variado, así que, sin saberlo, podías estar comprando en la misma tienda de algún famoso o con chavs (es el sinónimo inglés para wachiturro, o para gente de bajo nivel económico)  es decir, igualdad por primera vez en algo tan sectario como la moda.

Finalmente, Zara transmite la identidad de marca a la calidad de la prenda y a la experiencia de compra, dejando que la ropa pase a ser parte de la expresión personal del cliente, así que no iremos por la calle gritándole a todo el mundo que somos “Zarafans” pues no hay insignias ni logos que le quiten la atención al objetivo que buscamos en la ropa: comodidad e individualidad.

Ojalá que en Lima se hayan tomado la molestia de preservar estos valores, aunque en mi experiencia personal, Zara tiene esos conceptos mas débiles por aquí en Sudamérica. Desde mañana podremos ver si esta tendencia se cumple o por algún milagro, los empresarios se han decidido rescatar la idea principal de la marca.

Dense una vuelta, sin la idea de que es ropa cara y compruebe si es que realmente se cumple algo de lo que he explicado aquí.

Update: Estuve en la apertura ayer y debo decir que se notaron los nervios del inicio. El personal de la tienda debe saber que la gente que compra ropa no va con una lista en la cabeza (Puede que hayan sido entrenados para ser amables, pero no es razón para estar acosando a la gente con el clásico “¿En qué le ayudo?”).  En las cajas sería buena idea que pongan las pistolas de código de barras.

Pero por sobre todo, falta el montón de modelos! Era fácil ver en la cola a alguien con la misma camisa que yo había elegido. Uniformes tampoco! Espero que con el tiempo pongan la pila gigante de camisetas.


Ciertamente no es algo de lo que escriba de forma regular, pero me parece que si es necesario, ya que me gusta comer bien y creo que aquí en Perú se come muy bien, siempre que uno sepa donde ir. Esto último es algo que hay que cambiar, pues una buena comida puede malograrse por los detalles pequeños en la preparación del mismo o alrededor.

Mis frecuentes viajes, me han dado cierto punto de comparación aunque obviamente, no llegaré a ser una excelencia. De lo que si pueden estar seguros es que se muy bien lo que me gusta y cuando una comida es agradable.

Primero, la comida debe respetar su esencia. He comido platos tradicionales hindúes, de Nepal, ingleses, italianos, mexicanos y otras comidas americanas y en todos los casos lo que tuve que hacer es: RESPESTAR EL SABOR. Era impensable que les diga a los hindúes que le bajen al curry, o a los mexicanos que le pongan algo de sabor al chile, o pedir algo de mostaza y mayonesa para un lomo argentino. Entonces, trato siempre de respetar el sabor de la comida que estoy probando. Mucha o poca sal es algo manejable, pero la esencia es la que tengo que aceptar y no quejarme si es que está muy picante o salado, o crudo. Mente abierta y paladar amplio. Probar es necesario y no compromete, pero hay que probar respetando la propuesta.

Es por todo esto que me revienta que muchos restaurantes peruanos en el extranjero, y cada vez mas en Lima, me pongan un ceviche sin picante o una papa a la huancaína que puede ser incluso dulce. El adobo tiene que  ser fuerte, al igual que la crema de rocoto y la ocopa debe tener picante con mucho sabor a queso, porque así es. “Acomodar” la comida para que los turistas o en el extranjero la puedan comer es simplemente matar nuestra propuesta.

Es por eso que debo destacar dos ejemplos donde al menos se hace el intento de preservar la tradición en el extranjero: “Nazca” en Bogotá (probé otros con mas “cartel” en Bogotá con mucha decepción) y “Inka Grill” en San Jose de Costa Rica (el del Multiplaza). El esfuerzo por mantener el sabor tradicional con un estilo internacional hace que ambos sean reconocidos como los mejores y además respetan el sabor. Se puede comer en estos lugares una buena comida donde los sabores fuertes del ají, el limón tratan, en la medida  de lo posible, de sobresalir.

Segundo, hay técnicas que incorporar. Si nos ponemos a buscar en el cable podemos ver muchos programas donde cocineros compiten entre si y donde vemos que compiten en como cortar la manzana en cuadritos, o como cocinar el pato correctamente y donde cada cheff tiene su cuchillo como si fuera un hijo. En otras palabras, hay técnicas que permiten que la comida vaya de ser puramente inspiración a un arte.

La fiebre de la gastronomía peruana ha hecho que muchos institutos proliferen promoviendo la introducción de estas técnicas, y eso esta bien pero hay que ir mas allá, sobre todo en la comida casera donde la inspiración y la practicidad predominan, pero hay cosas básicas que hay que promover, cosas tan simples como son la correcta forma de cortar la cebolla (que aún no aprendo), el punto exacto de cocción de los fideos, o como cortar correctamente las presas en un estofado.

Adicionalmente, algún cheff español en  Lima mencionó que hacía mucha falta la incorporación de ciertas tecnologías para mejorar las salsas y mencionó, por ejemplo, Thermomix, que no es nada parecido a los engaños de procesadores de alimentos que se ofrecen como ofertas en la televisión, es un aparato de orígen alemán que ha revolucionado la cocina en Europa. El único problema es su alto precio, pero supongo que ya algunos restaurantes aquí en Lima deben tenerlos.

Conclusión, hay técnicas y tecnologías que podemos aprovechar para mejorar nuestra cocina.

Tercero, mejorar la presentación. En este punto quiero citar la experiencia que tuve hoy en un restaurante de comida tradicional donde el excelente sabor se vió opacado por la pésima presentación. Ciertamente, la tradición es fuerte y si no vemos una chita entera en el plato, cuando pedimos chita a lo macho, sentiremos que algo anda mal. Pero aún así, la tradición puede ir de la mano con la practicidad. Por ejemplo, sirviendo los pescados sin piel, o la presa de pato precortada para poder deshuesarla sin problema en el plato. A veces cuestiones mas simples, como servir los platos a la temperatura correcta, un arroz con pato frío es un pecado.

Hay restaurantes muy famosos, donde la etiqueta de “tradicional” hace que se descuide este aspecto, principalmente porque el público de este tipo de sitios, están ya “acostumbrados”. Supongo que la mejora sería para todos, pues yo quisiera dedicar el tiempo de la comida a disfrutar de mi plato y no en pelar un pescado, quitarle las espinas o en deshuesar una pierna de pato y creo que en eso nadie puede estar en desacuerdo.

Finalmente, y creo que es el más importante: El servicio. En Lima, hay sitios donde uno puede ir a comer cómodamente, y otros en los que debemos estar dispuestos a soportar ciertas cosas, siempre que la calidad de la comida lo justifique.

He comido en sitios donde el piso es de tierra y techo de esteras, o donde la mesa era una mesa de ping pong, o simplemente parado en la calle. Todo eso puede aceptarse, pues forma parte de la experiencia y en todos los casos, he podido disfrutar sin problema. Pero no puedo aceptar que por esperar a que todos los que estamos en la mesa reciban sus platos, mi plato se enfríe, o que me toque una mesa sucia o que el mozo no tome atención a algún pedido.

Recalcar que, sin importar el tipo de lugar al que vayamos, el descuido es inaceptable. La experiencia puede ser diversa, desde un simple puesto en la calle o un humilde huarique a un restaurante sin importar su nivel deberían compartir el mismo espíritu de servicio: hacer que el comensal disfrute su comida. Hacer notar esta intención hace que las limitaciones de cada ambiente formen parte de la experiencia de la comida.

La buena comida es la experiencia de disfrutar de un buen momento. La comida, la compañía , el lugar todo forma parte de la experiencia y todo merece la atención. Mientras las limitaciones o abundancias de un lugar hagan mejorar la experiencia , todo bien, pero esto no justifica el descuido ni tampoco la pérdida de identidad.

Disfrutar una butifarra en el parque de Miraflores o en el centro de Lima puede ser tan gratificante como ir a por un ceviche en algún restaurante en la Av La Mar, esa experiencia debería respetarse en todo sitio.

 





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